24/7/12

Capítulo 1


Estoy viviendo (1)

La  almohada estaba algo húmeda, lo que me provocó un ligero gesto de asco al levantarme. No podían ser más de las siete y media, porque hubiera escuchado a Tania levantarse. O más de las 10, porque ella misma me hubiera despertado. Me levanté con un cansancio excesivo, cosa que me resultó algo extraña.
-Hmmm, ¿Tania? – pregunté, con voz ronca.
Abrí la puerta de la habitación con demasiada fuerza, y la luz del exterior me cegó. La habitación quedó un poco iluminada y avancé despacio hasta la cama de Tania. La cama estaba desecha y su pijama estaba sobre las sábanas.
-Tania – repetí.
Salí de la habitación y un dolor de cabeza me inundó de tal manera que tuve que pararme unos segundos para que se me pasara. La puerta del baño de enfrente esta entreabierta, así que camine  lentamente por el pasillo hasta la cocina. La coleta alta de Tania estaba sentada en la mesa de la cocina. Me refiero a Tania, Tania estaba sentada en la mesa de la cocina. Tenia la cabeza casi metida en el ordenador, y una taza de café llena hasta rebosar estaba peligrosamente al lado del teclado.
Me senté enfrente suya, cosa que no pareció alterarla en absoluto, e intenté llamar su atención con un carraspeo.
-¿Te lo vas a beber? – dije, ya que no había forma de que me prestara atención.
Despegó con sorpresa sus ojos del ordenador y los posó en mi frente.
-Oh, Grace, ¡estás sangrando! – dijo casi chillando. Me asusté un poco y puse mi mano derecha sobre la frente para recoger con el dedo el rastro de sangre. Al bajar el dedo para poder verlo, no había nada.
-¿Dónde? – pregunté, más alterada aún. Empecé a frotarme la frente con ansiedad.
-Oh, jajaja, que bueno. Tranquila, Grace, no era nada, llevo demasiado frente al ordenador – dijo entre risas.
-Joder Tania, te juro que un día te mato. De verdad que me has asustado – solté un resoplido y me acerqué arrastrando los pies hasta la cafetera. - ¿En serio? ¿No has dejado ni una sola gota de café para mi?
Tania seguía inmensa en su trabajo, así que tuve que acercarme a su oído y repetírselo para que me contestase.
-Ah, pues claro que sí, pero he terminado echándomelo. Pensé que estabas demasiado cansada porque es casi la una y no te habías despertado. Y como me apetecía más café pues he dicho me lo echo y cuando se despier…
-¿Más de la una? – le interrumpí con fuerza y me giré bruscamente hasta donde estaba el reloj de pared.
-Casi la una, si no te hubiera respondido. Digo, despertado. De verdad que necesito un descanso – se echó el flequillo hacia atrás y se levantó de la silla.
Eran las doce y media pasadas, cosa que me asombró en exceso.
-Pero, ¿a qué hora me acosté ayer? – le pregunté sin dejar de mirar el reloj.
-Que yo recuerde, a ninguna – dijo, y volvió a reírse-. Me refiero a que me acosté a las 11 y a las 11 y un minuto estaba sobando. Pero me dijiste que estabas algo cansada, ¿no?
Asentí con la cabeza y alejé mi vista del reloj para centrarme en preparar más café, aunque no me apeteciera mucho.
-Ah, pero ayer pusieron ese programa que tanto te gusta y te quedaste a verlo, o eso me dijiste. Y termina muy tarde normalmente – Tania razonaba en voz alta mientras sacaba algo de pan y queso para comer -. ¿Cómo se llama? Punto del mundo o algo así. O acabose del planeta.
Ella volvió a reírse mientras se metía un gran trozo de queso en la boca, lo que hizo que yo intentase reprimir una sonrisa y terminara riéndome con ella.
-No, en serio, ese que ponen todos los viernes, ¿no te acuerdas? – preguntó, sacando más queso de la nevera.
-Vas a acabar con el queso, Tania. Pareces una depredadora, coño – le dije, y le quité un trozo para metérmelo en la boca –. Y sí, sé cuál dices, pero no me acuerdo del nombre.
-Ah, ¡creo que ya me acuerdo! Deshielo del planeta – dijo satisfecha y me guiñó un ojo.
-Pero no seas burra, mujer. Fin del mundo, se llama Fin del mundo.
- ¿En serio? Pues que desilusión, me habría quedado a verlo la semana que viene si fuese de deshielos. Pero a mi no me van las cosas de los Mayas – dijo Tania mientras guardaba un trozo de pan mordido.
-Asquerosa, ¡no pongas ese trozo de pan mordido ahí! O te lo comes o lo tiras, guarra – dije, con una mueca en la boca-. A veces pareces una cría. Y que sepas que el programa sí que va sobre deshielos.
-¡Y tú una tiquismiquis! Si sólo yo como de ese pan – me dijo sin prestar mucha atención-. ¿Y por qué se llama Fin del mundo si no va sobre mayas?
-Porque no se llama así – contesté en un suspiro.
Miré hacia abajo y me di cuenta de que llevaba sosteniendo una taza bastante rato con fuerza, así que la dejé encima de la encimera. Al dejar de apretar con fuerza la taza, mi mano se entumeció un poco y tuve que moverla. Tania se dio la vuelta y me miró con rareza.
-Grace, ¿estás bien? – dijo, y me cogió de las manos. No solía tocarme con demasiada frecuencia, así que aparté instintivamente las manos. Ella resopló y cerró los ojos-. Como quieras.
Tenía la impresión de que se había enfadado, pero no tuve las agallas para abrir la boca y preguntarle.
-Escucha, tengo que salir un momento. Voy a por el coche al taller y quizás vuelva para ducharme o cambiarme, pero a las dos y media tengo una comida – se dio la vuelta y estaba hablando mientras apagaba el ordenador y lo metía en su bolso -. Tú tienes que trabajar hoy, ¿no? No hace falta que cojas el bus, voy a ir a la comida andando así que si quieres puedes coger mi coche.
Grace trabajaba en una página web. La diseñaba, contestaba los emails y se encargaba de la publicidad. Cada cierto tiempo invitaba a comer a publicistas y  bloggeros famosos, pero la mayor parte del tiempo se la pasaba en casa, en frente del ordenador. En frente de los ordenadores, mejor dicho.
Y yo… Bueno, yo había estudiado lo mismo que ella. Habíamos ido juntas a la Universidad, y llevábamos viviendo en aquel diminuto piso desde hace un año, cuando empezó a costarme conseguir dinero. Ella había conseguido trabajo fácilmente con apenas 25 años, y yo había ido de oficina en oficina. Ahora,  unos tres años después, yo trabajaba en una cafetería todas las tardes y ella ganaba casi 15.000 euros al año.
-¿Tu coche? ¿Estás segura? – pregunté. Ella asintió mientras se metía las llaves de casa en el bolsillo -. ¡Genial! Muchas gracias, si te pasas esta tarde te invito a lo que quieras.
Tania había abierto la puerta, pero se paro un segundo y se giró hacia mi.
-¿También si traigo compañía? – preguntó, con una sonrisa picarona.
-¿Mario? Está bien, pero sin coche no hay trato.
-Eso está hecho, amiga – cerró la puerta con suavidad y oí como gritaba dentro del ascensor “¡Cerveza graaatis!”, lo que hizo que empezase a cuestionarme coger o no el bus.

2 comentarios:

Engel dijo...

Veamos... Para empezar, enhorabuena por tu blog y por la historia que estás llevando a cabo en él. Lo cierto es que me ha gustado bastante el concepto de tópico que existe entre dos compañeras de piso.

Pero por desgracia, no todo van a ser cosas buenas. Me gustaría que revises un par de veces lo que escribas, ya que hay varios errores pequeños, pero que son normales al escribir y no fijarse. Es solo una opinión, puedes tomártela como quieras, yo te lo digo para bien (:

Por lo demás, una maravilla de blog y de historia claro.
Sigue así, lo haces muy bien.

Carla Rodríguez dijo...

Opino como Engel. Escribes muy bien, de verdad, pero me parece que has metido la pata con el cambio de personas que has hecho al final del capítulo.
Es decir, que empiece Grace hablando en primera persona, la primera persona pase a ser Tania y luego vuelva a Grace.
Por lo demás, genial :)